En la industria, la seguridad frente a los riesgos siempre es una prioridad. Sin embargo, especialistas sostienen que también debe ser un valor. En este punto entran dos conceptos relacionados, aunque no sinónimos: la gestión del riesgo y la mentalidad de riesgo. 

La primera se refiere a métodos, procesos, indicadores, identificación, evaluaciones de criticidad y planes de acción. La segunda alude a la capacidad de reconocer las situaciones más peligrosas para sortearlas antes de que aparezcan posibles consecuencias. 

Según Tulio Cerviño, CEO para LATAM y vicepresidente global de Operaciones Industriales en Trackfy Wakecap, la seguridad debe tener carácter de valor para no cambiar según el contexto, las metas y los desafíos, como ocurre con las prioridades. 

“Los valores orientan las decisiones, independientemente de las circunstancias”, completa. Es decir, es fundamental tratar la seguridad en la industria como una prioridad, pero incorporarla como un valor para ver los riesgos cotidianos con mayor claridad. 

“Estamos acostumbrados a hablar de gestión de riesgos, mapas de peligros, matrices de criticidad y planes de acción, pero ninguna herramienta funciona plenamente si las personas no desarrollan la capacidad de ver los riesgos antes de que se conviertan en incidentes”, detalla Tulio. 

Diferencias entre gestión del riesgo y mentalidad de riesgo 

Dentro del tema gestión versus mentalidad de riesgo, Tulio considera que la gestión es estructurada y comprende herramientas, procedimientos, mapas, matrices, indicadores y planes. Por medio de estos mecanismos, la industria puede identificar amenazas, evaluar su relevancia y establecer medidas. 

Sin embargo, no basta con tener una estructura para administrar riesgos si la empresa no cuenta con personas preparadas para identificarlos. 

Por su parte, la mentalidad de riesgo no está relacionada con una única herramienta específica, sino con la manera en que la organización piensa y pone en práctica sus planes. Es decir, en este tipo de escenario, el profesional responsable no espera inspecciones, orientaciones o accidentes para percibir cambios. Observa el entorno, identifica las desviaciones, cuestiona las situaciones fuera de norma y comunica, por ejemplo, si hay algún bloqueo, un equipo con un comportamiento distinto o la necesidad de ejecutar una tarea fuera del cronograma. 

El hecho es que la mentalidad de riesgo ayuda a identificar los cambios y, sobre todo, a comprender los riesgos que estos pueden representar, de modo que la prevención se convierta en una práctica cotidiana. El especialista afirma que “es precisamente ese cambio de comportamiento el que diferencia a una empresa que solo cumple normas de otra que construye una cultura de prevención”. 

Cada una con su importancia 

Gestión y mentalidad de riesgo son diferentes. Sin embargo, no compiten entre sí, sino que se complementan. Esto se debe a que la primera ofrece métodos, criterios y herramientas, mientras que la segunda hace que dichos mecanismos no se queden restringidos a documentos, auditorías y reuniones. 

Para Tulio, es posible tener una excelente matriz de riesgos y aun así exhibir comportamientos inadecuados. Paralelamente, un equipo consciente necesita procesos efectivos para registrar, analizar y transformar simples percepciones en acciones concretas y eficaces. 

Por lo tanto, en la industria es esencial conciliar ambas dimensiones. La gestión debe ser estructurada por la empresa y la mentalidad incorporada por los equipos en sus decisiones. 

Reacción y anticipación 

De acuerdo con el CEO, una gestión predominantemente reactiva entra en acción después de que ocurre una desviación, un incidente o un accidente, para investigar las causas y definir medidas. Mientras tanto, la mentalidad tiende a anticipar las situaciones a través de señales, desviaciones y cambios, como citamos al inicio de este contenido. 

“No basta con responder a los problemas cuando surgen; es preciso crear organizaciones capaces de anticiparlos, aprender de forma continua y transformar las incertidumbres en oportunidades de mejora”, refuerza. 

Se trata de una lógica relevante, dado que los riesgos industriales no son estáticos. Los procesos cambian, los equipos se renuevan, los equipos (maquinaria) se reconfiguran, entre otras cuestiones. 

Los riesgos pueden ofrecer oportunidades 

¿Cómo interpreta su empresa los riesgos? Tulio dice que cuando se ven solo como causantes de accidentes, la gestión se centra únicamente en el cumplimiento de las exigencias de seguridad. Pero la mentalidad de riesgo puede interpretar las señales como posibles mejoras. Además, las fallas recurrentes pueden revelar cuellos de botella, los desplazamientos innecesarios pueden indicar oportunidades de reorganización y los cambios frecuentes terminan mostrando que quizá deba revisarse un procedimiento. 

Es decir, la seguridad y la productividad no son objetivos en competencia, porque la prevención puede contribuir a la eficiencia operativa, a la reducción de desperdicios y a la mejora de procesos y entregas. 

No obstante, es necesario que el liderazgo forme parte de toda la ecuación para que la mentalidad de riesgo exista realmente. “Los líderes necesitan crear entornos en los que las personas se sientan cómodas para reportar situaciones inseguras, sugerir mejoras e interrumpir una actividad cuando identifiquen un riesgo relevante. Las empresas con culturas maduras dejan de buscar culpables y pasan a investigar causas”, señala el especialista. 

La tecnología al servicio de la gestión y la mentalidad de riesgos 

Al portal A Voz da Indústria, Tulio explicó también que la tecnología es una gran aliada de la gestión y de la mentalidad de riesgos. Puede acercar a ambas mediante sensores, IoT, IA, sistemas de localización y plataformas digitales que amplían la capacidad de la industria para monitorear las operaciones y generar datos sobre los procesos, los equipos, los activos y el personal. 

La información generada ayuda a identificar patrones, reconocer recurrencias y tomar decisiones basadas en evidencias. Sin embargo, Tulio afirma que existe un límite, pues la tecnología no sustituye la conciencia humana. “Ningún software es capaz de crear sentido de responsabilidad, ningún sensor hace que un equipo desarrolle conciencia sobre riesgos y ninguna tecnología, por sí sola, es capaz de construir un entorno verdaderamente seguro”. 

Para finalizar, afirma que “crear una mentalidad de riesgos significa precisamente transformar cada decisión cotidiana en una oportunidad para proteger a las personas, preservar activos, aumentar la eficiencia operativa y construir negocios más sostenibles”. 

Y, en la industria manufacturera, esa puede ser la diferencia entre simplemente gestionar riesgos y construir una operación preventiva.